De la calle al "Caminito"
El bandoneonista argentino Efraín Scheinfeld "ejerce" de maestro de los aficionados madrileņos al tango


ALFREDO GRIMALDOS - EL MUNDO Domingo, 13 de agosto de 2000

MADRID.- El bandoneonista argentino Efraín Scheinfeld se ha convertido en el maestro de los aficionados madrileños al tango. Todo los miércoles, en el bar Caminito (Paseo de Muñoz Grandes, 9), de Carabanchel, su viejo fuelle sirve de respaldo a un número cada vez mayor de espontáneos que se atreven a recrear las letras de Discépolo, Cadícamo o Manzi. "Hay gente que ya esta muy suelta y, cada día, aparece alguien nuevo que se atreve a cantar", afirma satisfecho. "Desde que Gardel vino a España, en 1928, existe un romance ininterrumpido entre los madrileños y el tango", añade.

Cuando Efraín llegó a la capital, hace un par de años, como derivación de un viaje laboral desde su tierra a Palma de Mallorca, comenzó a alternar el trabajo en locales argentinos con otras actuaciones en plena calle de Preciados.

"Al principio sentí verguenza, como si estuviera mendigando, pero enseguida me dí cuenta de que, en Madrid, eso no es así", señala. "La gente es capaz de oír y sentir en la calle. Algunas personas se acercan, empiezan a lagrimear y me dicen que han escuchado a Gardel desde la infancia. Otras no son capaces de hablarme, noto que se van porque no pueden controlar la emoción".

Pronto fue un habitual de salas como La Recova, La Carreta, Suristan o La Bohemia y, poco después, llegó a Caminito, que se ha convertido en su feudo. "El tango es un sentimiento muy fuerte que no resulta fácil de expresar", señala. "Hay que ser actor del drama que pintan sus letras. Yo ayudo a quien quiere intentarlo".


Cada miércoles llega cargado de partituras en todos los tonos, para dar las mayores facilidades a la concurrencia. Y al final de cada sesión, el bandoneonista y sus pareja de bailarines toman la acera, frente a la remozada plaza de toros. En Carabanchel, el tango vuelve a sus orígenes.
Ya no puede seguir tocando en la calle de Preciados, por orden municipal, pero continúa haciendo sonar su bandoneón en el metro. "Se me acerca mucha gente y eso me encanta", explica.
"Unos quieren que les enseñe a tocar, otros preguntan donde pueden verme actuar, y alguno me contrata para una fiesta... Es la mejor oficina de relaciones publicas", continúa.

50 años de música

Hoy hace exactamente 50 años que Efraín comenzó a tocar en el seno de una orquesta, cuando él tenía solo 15, allí en su Bahía Blanca natal. Gracias al bandoneón, se costeó sus propios estudios, hasta titularse como ingeniero electricista. Esa profesión le facilitó una fuente de ingresos complementaria durante los años de declive del tango en Argentina, desde 1960 hasta finales de los 80. Su ídolo indiscutible es el glorioso "Pichuco" Aníbal Troilo. "Habrá habido bandoneonistas mas técnicos, pero nadie ha tenido tanta capacidad para expresar sentimientos como él", sentencia. "En Caminito hay gente que me dice: "¡cómo siente usted el tango!" Y es el mejor halago que me pueden hacer". Efraíin tiene dos hijas en Argentina y un hijo en Israel, pero quiere quedarse para siempre aquí. "Esta ciudad me tiene atrapado. Lo mejor que me ha dado Madrid es una compañera y las lágrimas de quienes me escuchan".